PARÍS-ROUBAIX: GLORIA Y MISERIA SOBRE EL PAVÉ

PROFIL

Con L´Enfer (el Infierno), como lo llaman en el país vecino, nunca encontraremos medias tintas. Es todo blanco o negro. Te lleva a la gloria o te hunde en la miseria. Alcanzas el cielo en el velódromo de Roubaix o te rompes la rodilla, como le pasó en 2008 en el Fôret d´Arenberg a Johan Museeuw. ¿Todo lo demás? El tiempo lo entierra casi todo y nadie se va a acordar de que llegaste a meta e hiciste el 68º o arrivaste fuera de control, más allá de tus allegados.

Es para muchos, la reina de las clásicas (para mi no), el monumento de los monumentos y el paradigma del sufrimiento llevado al límite en el ciclismo. Una carrera que adoras o que repudias al máximo (que se lo digan a Bernard Hinault), que te enamora, pero en donde sólo uno consigue “llevarla al huerto”, tras recibir el cortejo de casi 200 locos. Y muchos se empecinan en volver año tras año para tratar de conquistar el ya legendario adoquín para sus vitrinas.

Un recorrido que prácticamente conocemos año tras año, que da igual que lo cambien o metan este o aquel tramo de pavés en la dirección “x” o “y”. Es tan dura que pueden pasar semanas hasta que se te quita el dolor del culo y de las muñecas. Desde la salida en Compiègne hasta la llegada al velódromo André-Pétrieux, que es como se llama el recinto en el que los elegidos para la gloria se jugarán el trofeo en apenas dos vueltas de infarto o de júbilo, los esforzados de la ruta afrontarán un total de 27 tramos adoquinados, totalizando 52,700 km de tortura física y psicológica, con el primer gran filtro situado a casi un centenar de kilómetros para el final, en el legendario y terrorífico Bosque de Arenberg.

forodeciclismo.mforosFoto: Forodeciclismo

A partir de ahí, la carrera andará muy seleccionada, dando paso a tramos como el de Orchies y de Mons-en-Pévèle de los que probablemente quedarán menos de una veintena de aspirantes. Serán precisamente los del Carrefour de L´Arbre y Gruson los que acaben de seleccionar a los mejores, salvo que emerja un Cancellara (ausente este año) que reviente la carrera a más de 50 para el final y nos quedemos sin emoción. Como siempre, tramos calificados de una a cinco estrellas, según longitud y estado de la calzada, esperando a que la lluvia o el calor hagan acto de presencia. Y como decía antes, no hay términos medios en este monumento: ¿Con agua?, caídas, sufrimiento, épica. ¿Con sol?, el polvo, la falta de respiración e, incluso, calor.

El papel de los nuestros

Para España el “Infierno del Norte” sigue sin ser tierra conquistada. Al igual que el Tour de Flandes, Roubaix no ha visto a uno de los nuestros aún en lo más alto. Pero, a diferencia del monumento belga, Roubaix sí ha acogido más podios hispanos y se ha rondado en más de una ocasión con opciones reales de victoria. Hay que dar las gracias a dos cracks que sí apostaron por tratar de ganarla. El primero es Don Miguel Poblet. El catalán fue nuestro mejor clasicómano hasta la llegada de Óscar Freire, y en Roubaix finalizó 2º en 1958 y 3º en 1960. Los locales Leon Van Daele y Pino Cerami le impidieron darle a nuestro país la gloria en este monumento.

Tuvieron que pasar cuarenta años para ver a otro español en el podio, gracias a nuestro último “flandrien”, Juan Antonio Flecha. El hispano-argentino tuvo la mala suerte de topar con dos monstruos como Tom Boonen y Fabian Cancellara, que no le dejaron muchas opciones en la mayoría de las veces que estuvo en la salida. En la edición de 2005 fue el gran animador en la parte final, haciendo la selección, pero acabó cediendo en el velódromo ante la punta de velocidad del mencionado Boonen y del norteamericano George Hincapié. Dos años después fue cuando anduvo más cerca de llevarse el adoquín, pero pocos contaban con un ataque lejano exitoso del australiano Stuart O´Grady. Finalmente, en 2010 finalizaba tercero en una jornada donde era imposible batir a un impresionante Cancellara.

dorsal 51Juan Antonio Flecha cedió sólo ante O´Grady en 2007  Foto: Dorsal 51

En relación a otras actuaciones españolas en esta clásica, quiero mencionar dos detalles. El año que Chente García Acosta se empecinó en querer salir el primero de todo el pelotón del tramo de Arenberg… y lo consiguió tras meterse en una fuga y ser el más fuerte de todos sus componentes. Eso sí, para después acabar “en el palco”. La cuestión era saber qué hubiera pasado si Echávarri y Unzué hubieran conducido la carrera del de Tafalla hacia estas carreras y no a las dichosas vueltas por etapas.

Y termino con el nombre de Rubén Galváñ. Este ex-ciclista natural de Crevillent (Alicante), militó en el Kelme y en el ASC Vila do Conde portugués entre 1997 y 2003. Dotado de una buena punta de velocidad, Galvañ siempre mostró ganas de ir a Roubaix mentalizado. En una entrevista que le hizo el añorado semanario de ciclismo Metal2Mil contaba como una vez pasado Arenberg y cuando ya quedaban menos de 60 kms para meta los belgas y holandeses le miraban y mostraban su sorpresa al verle resistir en el grupo de vanguardia, diciendo: “No puede ser, pero ¿qué hace un Kelme por aquí?”

Para recordar

Empiezo con la única victoria de Bernard Hinault en esta carrera. Fue en 1981, cuando el “Tejón” era el mejor ciclista del mundo, con un palmarés que incluía Giro, Vuelta y Tour y varias clásicas en su haber. Acudió allí, sufrió como nunca y cumplió con su propósito (casi obligación) de añadirla a sus vitrinas. No iba a ser menos que Coppi y Merckx. Pero juró que no iba volver a correr más “esta mierda de carrera”.

Cor Vos ArchivesBernard Hinault ganando en Roubaix  Foto: Cyclingtips

Sigo. Año 1993. Gilbert Duclos-Lasalle se adjudica la París-Roubaix por segundo año consecutivo. Y lo hizo para gran amargamiento de su rival, el italiano Franco Ballerini. Desde muchos kilómetros atrás, en un dramático mano a mano, el zorro francés se hacía el remolón a las peticiones de relevos del transalpino, diciéndole que “lo siento, voy muerto, muerto”, para luego batirle irresmisiblemente al sprint. Las lágrimas de Ballerini llamaban más la atención que el júbilo en el rostro del galo. Juró y perjuró Ballerini que ganaría esta carrera… hito que lograría hasta en dos ocasiones, en 1995 y 1998. El florentino, fallecido en 2010 mientras participaba en un rally, se retiraba precisamente de la competición en activo en la París-Roubaix de abril de 2001, entrando en el velódromo y en meta con una camiseta que ponía “Merci, Roubaix”. Fue la carrera que le dio gloria y también miseria.

sport24.lefigaroGilbert Duclos-Lasalle, dos veces victorioso  Foto: Sport24-Le Figaro

ANSAEl día de la retirada de Franco Ballerini  Foto: Eatsport.net

Nunca olvidaré la edición de 1990, una de las más igualadas y con mayor incertidumbre de la historia. En una jornada con sol, terreno seco y polvo y arena a mansalva, varios ciclistas entraban en el velódromo para disputarse el triunfo al sprint. Un final de infarto con el canadiense Steve Bauer y el belga Eddy Planckaert forzando un golpe de riñón en el último metro. Tenían que acudir a la foto finish porque era imposible discernir a simple vista quien era el vencedor. En primera instancia le daban el triunfo a Bauer, pero minutos después la alegría se instalaba en el rostro del ciclista de Panasonic: El “gitano” se adjudicaba su primer y único monumento en la recta final de su carrera.

bikeraceinfoEddy Planckaert batiendo in extremis a Steve Bauer   Foto: Bikeraceinfo

Imperecederos serán los tripletes del equipo Mapei de Patrick Lefevere en la carrera en la que había que ganar “sí o sí”. El primero acaeció en 1996, con el triunfo de Museeuw, por delante de sus compañeros Bortolami y Tafi… con la correspondiente indignación italiana, de ver que el orden en meta era el fijado por el patrón tras previa llamada de Lefevere. Eso sí, la foto de los tres entrando en meta, juntitos y con los brazos en alto la firmaba sin dudarlo y con los ojos cerrados el dueño de cualquier empresa patrocinadora. Dos años después se producía otro pleno, con Franco Ballerini en lo más alto, secundado por Andrea Tafi y Wilfried Peeters, para terminar un año después con otro ejemplo de primacía absoluta, ganando Andrea Tafi (por fin), acompañado de los belgas Wilfried Peeters y Tom Steels.

Y termino el recordatorio con el “León de Flandes”, Johan Museeuw. Ganador de tres De Ronde, consiguió otros tres en Roubaix, la primera en 1996. La más emotiva fue la segunda, lograda en el 2000, porque precisamente en el “Infierno del Norte” fue donde dos años antes se destrozaba la rodilla mientras transitaba por el tramo de Arenberg. Así, el campeón belga hacía su entrada en solitario en meta, señalándose ostentosamente la rodilla dañada. Pero todavía fue capaz de levantar los brazos en este monumento una vez más, en 2002, haciéndolo de nuevo en solitario, como mandan los cánones.

Foto ColnagoPrimer triplete en Roubaix de Mapei. Histórico.   Foto: Colnago

Despedida de Wiggins

Este domingo será el último día de competición en ruta para Sir Wiggins y ganar sería un bello colofón a su gran trayectoria, que incluye el título olímpico y un Tour de Francia como logros más destacados en esta disciplina. Además, con Cancellara y Boonen fuera de combate, el Infierno del Norte estará muy abierto, por lo que no sería de extrañar que, dada esta predisposición, el conjunto Sky trate de controlar de forma férrea la prueba, ya no sólo porque Wiggo busque la guinda final, sino porque el resto del equipo tiene otras bazas para la victoria como pueden ser Geraint Thomas o Ian Stannard, sin ir más lejos.

Frente a ellos y dado el pasado glorioso que tuvo, estará un Etixx-Quick Step con ganas de guerra y de aguar la fiesta a la pérfida albión, con Terpstra, Stybar y Stijn Vandenbergh como sus caballos ganadores. Pero los belgas tendrán más bazas, buscando resarcirse de la estrepitosa derrota sufrida siete días antes en Flandes. Van Avermaet, Vanmarcke, Roelandts, Devolder, Debusschere e incluso Vansummeren y Leukemans buscarán su protagonismo para traer de nuevo el adoquín a feudo belga tras dos años de sequía.

Por otra parte, muchos señalan como favorito al noruego Alexander Kristoff, tras llevar una racha triunfal este año, con su dominio dictatorial en los Tres Días de la Panne, su victoria épica en Flandes y el sprint agónico de anteayer en el Scheldeprijs. Asimismo, otros velocistas con físico para luchar por el anhelado adoquín serán Peter Sagan, John Degenkolb, Filippo Pozzato, André Greipel, Heinrich Haussler y Matti Breschel.

Y terminar este elenco con outsiders de enjundia que pondrán de su parte mucha sal y pimienta en los tramos adoquinados y que jugarán con toda probabilidad, sus opciones desde lejos: Lars Boom, Sylvain Chavanel, Luca Paolini, Marcus Burghardt y Matthew Hayman, entre otros. ¿De los nuestros? Olvidaros. Ná de ná

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Publicado el 10 abril, 2015 en ciclismo profesional. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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