LA BILBAO-BILBAO O EL PLACER DE MONTAR EN BICI EN UN ENTORNO PRIVILEGIADO

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No me gusta competir. Esa es la verdad. Normalmente no siento ningún tipo de placer cuando le gano en algo a alguien ni me pego con la cabeza contra la pared cuando pierdo. Y el tema de correr con la bici tampoco me atrae. Pero montar por montar sí. Ayuda a desconectar de la rutina, es saludable y plantea retos al instante en forma de subidas, descensos, lucha contra las inclemencias del tiempo o la novedad de transitar por lugares que no conoces y que te acaban cautivando. Pues eso, puro cicloturismo.

Y la Bilbao-Bilbao creo que es el escenario ideal para los neófitos en estas lídes. Con una preparación más o menos decente se hace con relativa facilidad y tranquilidad. El paisaje y las carreteras están bastante bien, las ascensiones son divertidas y el público vasco, como todos los aficionados al ciclismo sabemos, es el mejor del mundo a la hora de animar y apoyar este noble deporte. Y si encima el tiempo acompaña, como nos sucedió a nosotros este pasado domingo, pues blanco y en botella. No me lo podía perder.

¿Qué quien me metió en la cabeza lo de hacerla? Sobre todo Óscar Rodríguez, cuyas palabras siempre generan confianza como buen docente, y Rafa Mora, que te calienta la cabeza y es un apasionado a las dos ruedas desde hace miles de años. Así que empezamos a prepararla desde el pasado mes de septiembre, buscando huecos en la agenda y acostumbrando el cuerpo a palizas superiores a los 100 kilómetros. Llegué a odiar el Cristo de Rivas y sus dos kilómetros interminables camino de Moratalaz, teniendo que pasarlo por cojones para llegar a casa. Y mereció la pena porque sinceramente, el encadenamiento Gerekiz-Morga de la Bilbao-Bilbao me pareció una broma en comparación a nuestro Cristo ciclista…

Una vez que se acercaba la fecha había que dejar todo atado y preparado. La bici se encargó de revisármela al milímetro Miguel, mi mecánico de confianza en Buhobike, mientras que la vestimenta y alimentación corrieron a cargo de mis marcas de confianza de Asper, esto es, Bioracer y BORN.

El rito de ponerse el dorsal… en la bici

Las dudas de ir de corto o largo se disiparon los días anteriores, cuando vimos en las previsiones que no caería ni una gota y que las temperaturas se acercarían a los 18ºC. Así que opté por equipación corta de Bioracer, de colección, modelo Merano, tanto en culotte como en maillot:

  • Merano Shirt Short Sleeve: Perfecta transpiración, con bolsillos traseros cómodos y accesibles con los brazos sin forzar. Cremallera larga, diseño en negro, con el blanco en axilas y amarillo en hombros. Muy cómoda y sin rozaduras, con los bordes de la manga corta antideslizantes de silicona.

  • Merano Bibshort: En color blanco y negro. Muy cómoda, una badana 3D totalmente recomendable y perfecto ajuste al cuerpo gracias a la lycra elástica, tanto en hombros como en muslos.

Para evitar la “fresca” mañanera opté por los consabidos manguitos y perneras, así como cubrezapatillas finos. Guantes cortos y gorra en vez de pañuelo. ¡Ah! No me olvidé de mi funda de móvil preciosa, que conservo desde hace unos años, con un diseño prescioso de Bioracer, cortesía de un tal Pedro Larrayoz… Todo ello completado con el casco Nesta (para mi los mejores) y las gafas Oakley, para variar.

El viaje en coche hasta Euskadi se hace ameno, con las macarradas mías de mi mp3 enchufado a la radio del coche del Mora y las paridas y charlas que hacen el trayecto más llevadero. Consiguieron los tres tenores (Javi, Óscar y Rafa) que no me dormiera. Y os digo que tiene mucho mérito que lo consiguieran, como bien saben los que me conocen. Ya en Erandio, nos recibe el dueño del apartamento que nos lo ha alquilado. El tío tiene un palique interminable pero es buena gente. Comemos en la casa del pueblo (de puta madre, por cierto) y marchamos al Botxo de nuevo para recoger dorsales y completar la inscripción. Vuelta larga por la capital de Bizkaia para hacer tiempo y vuelta a Erandio para cenar, que hay que dejar todo preparado para el día siguiente.

Lo que más me mola es poner el dorsal a la bici. Bueno, mejor dicho, fue Javi Rodríguez ´El Espartano´ el que realmente lo colocó. Dorsal 4379. toma ya, de todo menos el del jefe de filas. Y preparo las barritas y geles que más me gustan, como no podía ser de otra manera, de BORN:

  • Xtra Bar Banana Flavour. La más grande, de 55 g. Opto por llevar 2.

  • Bite Size Choco Flavour. La más pequeña, de 30 g. También me llevo 2.

  • Super Liquid Gel Apple Flavour, de 55 ml. Me agencio otras 2.

Al “toro” y sin pegar ojo

No dormí bien en toda la p… noche. Y no estaba nervioso, que es lo más extraño. Seis y media de la mañana, desayuno en condiciones y salimos pitando para el Puente Deusto. Llegamos a las ocho pero no podemos ni aparcar cerca, ya que está cortada y van a salir los primeros y teóricamente peor preparados para hacer la marcha. Tenemos la santa potra de encontrar aparcamiento a menos de cinco minutos en bici de la salida. Bajamos las bicis y ahora sí estoy nervioso… porque la mierda de la cadena se ha salido y tengo que andar hurgando para colocarla en su sitio con ayuda de Javi.

Llegamos a tiempo para salir en la tanda de las 8:30 (Mi intención era hacerlo a y cuarto). Saludamos al algunos de los cicloturistas de Salchi que acuden a la marcha y Chus Escribano que anda por allí (cuatro de los juniors del Salchi-UC Coslada van a partir en la tanda de las nueve en punto, entre ellos su hijo Juanfran) nos reconoce y nos hace las fotos pertinentes antes del pitido. Estoy más tranquilo y me coloco mi mp3 muy bajito en el oído derecho. Me acuerdo perfectamente de la canción que sonaba justo cuando dan la salida: “Tuesday´s Gone” de Lynyrd Skynyrd. Curiosa coincidencia estando en Euskadi y sonando uno de los grupos adalid de la Confederación de estados americanos del Sur. Madre mía…

Arrancamos y pronto veo que los ´Salchis´ se ponen a más de 30 por hora. Yo lo tengo claro: Vengo a disfrutar y con mucha cautela que no conozco las subidas. Hace fresco, pero la elección de la ropa ha sido correcta, ya que no pasaré durante toda la marcha nada de frío. Eso sí, no noté la necesidad de quitarme los manguitos. Volviendo a la marcha ruedo a 27 por hora, rodeado de mucha gente, y muchos me van pasando. Me da igual, disfruto de Bilbo y sus aledaños. Poco tarda para producirse las primeras caídas, tapones y parones. Las sirenas de las ambulancias sonaron con frecuencia durante toda la ruta.

Voy cómodo, a gusto y en los repechos de salida levanto el culo para entrar más en calor (cada año me cuesta más hacerlo). La primera ascensión “no puntuable” es Barrika y ni me entero que la he pasado. Llevo las altimetrías de las seis subidas pegadas con celofán al cuadro de la bici, y según van pasando las quito como Fernando Alonso las tiras de su casco jajaj. Miro mucho para atrás y me gusta ir cerca de la derecha, pero no muy pegado porque hay gente que va a menos de 20 por hora y eso obliga a maniobrar. Y no me sale de las pelotas hacerlo constantemente, que esto no es la Fórmula 1.

No tengo noticias de mis compañeros y no las tendría hasta meta. Lo mismo que de los juniors del Salchi-UC Coslada, que no vi que me adelantaran en ningún momento. Pero imagino que lo hicieron como un rayo en alguno de los descensos. Alguna que otra parada por estrechamientos o caídas, paso bien y casi sin enterarme el alto de Andraka. Lo peor son los descensos. El no conocer el terreno y mi miedo intrínseco a bajar hace que me pase mucha gente en las bajadas. Es que el viento racheado del Cristo de Rivas nuevo o de Torres la dura me tienen obsesionado con que me voy a ir al suelo de forma inminente. Desde que me atropellaron hace ya dos años no soy el mismo…

La larga subida a Unbe la hago completa ´a plato´. Buena señal. El sol brilla y el viento no aparece. Me lo estoy pasando de puta madre. Chistes, bromas de la gente ´Míralos! Perico e Hinault! Dice uno cuando ve a sus dos amigos pasadísimos de peso pero no veas tú a qué velocidad subían Unbe. Veo que chicas hay muchísimas y eso mola. Cómo ha cambiado este mundillo en la última década con ellas accediendo al deporte de forma masiva…

Mejor de lo esperado en Gerekiz y Morga

Llegamos al avituallamiento y veo que está bien organizado. Cojo la bolsa y me paro a ver su contenido. Hablo con un paisano catalán sobre cómo le ha ido y me indica por dónde proseguir la ruta. Me como el plátano y el resto (madalena y barritas) a los bolsillos. Relleno la botella de sales con la bebida isotónica y tiro ´palante´. No he parado de comer en toda la ruta y ni rastro de calambres. El alto de Artebakarra lo paso sin despeinarme y miro ya al encadenado Gerekiz-Morga cuando me faltan 35 kilómetros para acabar.

Cuando llegamos a sus primeras estribaciones me noto con fuerza, no me duele mucho el culo y quiero ir más rápido. A pesar de bajar al plato pequeño no voy con todo metido ni mucho menos. Tras coronar Gerekiz ya intuyo que voy a llegar a Bilbao sin problemas. Morga se hace duro pero aprieto el culo y lo subo lo más rápidamente que puedo. Y repito, ni rastro de calambres. Veo que adelanto a gente y en la cima se paran muchos como si fuera el Tourmalet. Ni puto caso. Yo no me detengo y meto plato, tirando para abajo sin más dilación.

En la bajada me pasa mucha gente y al llegar al llano el viento empieza a pegar. Durante un rato voy solo, por lo que agarro el manillar por debajo, agacho la cabeza y me pongo a más de cuarenta para pillar alguna grupeta y no ir penando hasta la capital de Bizkaia. Consigo entrar en una y ya me agarro a ella hasta el final. Ahora sí que estoy cansado de verdad y miro con más frecuencia el cuentakilómetros de globero que llevo. Rectas largas y metido a rueda con la cabeza gacha y mirando sólo la rueda trasera del palentino que iba delante mía, que creo que era de allí por lo que ponía en su maillot.

Se me hacen más duras las subidas en plena casco urbano de Bilbao que en cualquiera de las anteriores, sobre todo la que hay hacia el puente de Deusto. Pero una vez pasado ya atisbo las grandes avenidas por las que pedaleé hace poco más de cuatro horas. Petadas las calles de público los más pequeños nos extienden las manos para palmearlas y me arrimo para chocar la mía como si fuera un puto Pro. Meta. Me tengo que bajar antes de cruzarla porque el tapón es enorme y no se puede avanzar encima de la máquina. Nos dan la placa acreditativa por acabar y demás bebidas para recuperar.

Busco a mis compañeros, me felicitan y nos hacemos las fotos de rigor. No hay más. Satifecho de haber cumplido un objetivo y rápido a Erandio, donde nos esperaba un ducha reconfortante y necesaria y luego una comilona de las buenas en la ´Casa del Pueblo´. ¿Volver en 2018? Habrá que intentarlo. De todas maneras, fue un honor haberlo hecho y acabado.

Fotos Chus Escribano y Organización Bilbao-Bilbao

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Publicado el 23 marzo, 2017 en Cicloturismo, Marchas, Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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